Ayer me senté un rato con Baal

Luis Royo

Ayer me senté un rato con Baal. Paso página de lo que tomamos juntos.

Debe de ser duro ver así las cosas. Bueno, no es que carezca de esperanzas, al menos tiene alguna sobre el mundo, pero sobre él… creo que quedaron lejos. Un ser solitario este Baal. Ya no tiene ni quiere ejércitos ni vítores, su tiempo lo emplea en mirar un punto que no mira, camina solo, se esconde a solas. A sus espaldas carga con las derrotas de Irkalla, con el viaja el peso del tiempo, para el futuro solo le queda la esperanza de Luz y no está en su camino.

A ratos lo veía envejecido, a ratos vital, a ratos ni existía. Al final de la velada le arranqué lo que dejo aquí:

Vienen a mi memoria tiempos en las tierras de más allá de las estrellas. Vienen, y la boca se me llena de saliva impregnada de glorias y fracasos. Vienen, y puedo masticar la oscuridad, las metas trazadas y los cielos entintados de batallas.

La memoria me lleva a ese lugar y tiempo lejano, donde despertaba con mechones de cabello rojo enmarañados sobre mis ojos. Donde el lecho no encontraba el cortante de su fin. Y donde las heridas chupaban el sudor del deseo.

Viene a la memoria la mujer que supo amar a más de cien guerreros de la noche y mantener el vaso lleno de sentidos cuando me lo dio a beber. Viene para que sienta la ausencia de sus cabellos rojos.

Lilith, vienen al recuerdo los tiempos donde tu llenabas aquellas tierras y éstas. Ahora que estoy en éstas, veo que los hombres y las mujeres han olvidado la noche, han olvidado la luna, han olvidado lo fértil.

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