Bajo las bragas

Luis Royo

Hace tiempo que no me asomaba a ésta ventana. No he tenido fuerzas para asomarme. De vuelta mi eterno problema con las ventanas. Tiempo de rincones oscuros.

Más de un año aquí, mirando la noche sobre la ciudad después de una larga jornada de trabajo. Más de un año de encierro en este lugar con rejas en todas sus ventanas. Dieciocho años esperando que llegara este tiempo y ahora mientras miro la noche entiendo de verdad por qué siempre lo aplacé, por qué siempre encontraba una escusa para dejarlo aparcado para un siguiente año.

Un mes tras otro mirando con el último cigarro como las luces de la ciudad se van apagando. Imágenes grises van llenando las paredes del taller. ¿Taller?… cárcel voluntaria que me ha envejecido diez años, me ha comido cien kilos de energías, me ha derretido tres cuartas partes del cerebro, me ha hecho derramar dos cubos de lágrimas, me ha encolerizado, me ha abatido, me ha ganado. Claro que entiendo ahora por qué durante dieciocho no encontré el tiempo para esta locura. El miedo a vivir este año me hacía mirar para otro lado.

Dieciocho años  que han sumado montones de papeles con apuntes, imágenes y escritos… Malefic Time invadiendo y esperando su momento. El mierdas del “americano”, que no consigo echarlo de mi vida a la que se ha pegado como una lapa fue tejiendo toda esta maraña de sucesos y ha ido vomitando este mundo de personajes y seres. Me cuesta a veces recordar algunos de sus tantos mensajes de botella. Algunas imágenes y escritos los perdí a lo largo de todos estos años; pero aún así, su historia pesa como una losa…  y aquí estamos ahora con su enredo en esta cárcel de pinceles y demonios.

Picapedrero en vez de creador, como decía Buonarroti, sacando del bloque de mármol la figura que esconde su interior. No elegimos que sucede, no creamos una historia, ni una imagen. La aspiramos con esfuerzo del mismo aire y ni un mechón de cabello se forma de manera fortuita. Un mundo que me viene acompañando, presionando, aplastando durante años, hasta la última coma está escrita en el aire y solo hay que encontrarla.

Algunos drivers no funcionan en mi cabeza. Después de tantos años sin piernas, encadenado a un tablero de dibujo, aún necesito volver a empezar con cada proyecto. Los drivers que aprovecharían los años de profesión, de técnica, de experiencia, fallan… Y me veo aquí mirando encolerizado la noche tras estas rejas. Con razón los de las batas blancas dicen que algo falla aquí, dentro de este cuerpo. Por cierto cada día son más, tened cuidado. Están invadiéndonos, los veo en todos los sitios… la ciudad está llena de estos tíos de bata blanca ¡que digo ciudad!, el mundo entero. Tened cuidado: tienen la obsesión de actualizar nuestros drivers a su manera.

Dieciocho años visionando unas bragas. Imaginando y dibujando las bragas que acarician a Luz. Y ahora, en esta cárcel que llamamos taller, esas bragas existen, hasta sus colores… y aunque pueda parecer otra cosa, no solo su sexo me interesa bajo ellas. Bajo ellas está todo el sentido femenino de la vida, están los sueños mas cercanos a la naturaleza, está la armonía, está el centro del universo.

Volveré a mi camastro como cada noche en un almacén sin ventana que huele a óleo y barnices. Apretaré los dientes irritado buscando esos drivers obsoletos que no funcionan bien en mi cerebro, me volveré a preguntar por millonésima vez qué hago eligiendo una vida así a mis años y me dormiré agotado y abatido. La cuenta atrás ha empezado. El aire viaja con partículas radiactivas. La tierra se sacude nuestras babas. Los mares juegan con nuestra soberbia. Las gentes gritan su opresión… Malefic tiene que seguir.

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A propósito del silencio

Jesús Vilches (Sombrerero)

En lo profundo del silencio se desata una tormenta. Silencio no quiere decir ausencia, no quiere decir quietud. Silencio ni siquiera quiere decir silencio.

Dentro de este silencio oigo el rugido de los cielos sobre la pirámide del Sol de Teotihuacán. La grieta que se hace velo y el velo al quebrarse ante el paso de las legiones de Marduk, que muchos creen Miguel. Del otro lado una marea se alza. Los Caídos de Samael le aguardan. Primer paso de una lucha atávica, circular como los ciclos de Osiris. Repetida, saldada siempre con la misma moneda de cambio. Acuario busca alterar para siempre esa balanza. Pero para ello necesitan a Luz y me he dejado a Luz sola, abandonada en las calles de New York, sin su maestro. Perdida, desorientada, superviviente…

El Principe Nergal culpa a Baal de la inferioridad en la que se encuentran. Quien antes fue el más fiero de los guerreros es ahora un místico que actúa como un traidor. Maldita su obsesión por esa ridícula niña. El que Porta la Luz sigue sin dar la cara. La Gran Madre oculta las cartas… y mientras, el Sol y el Trueno se hacen fuertes en la Era de Acuario. Pero aún nadie está preparado para el encuentro… y el encuentro no esperará a que lo estén.

Alguien en Estados Unidos espera que le cuente las claves de esta historia, pero el Americano hace tiempo que no da ninguna señal de vida. Cada vez tengo más claro que es un invento del Canas. Nunca hubo americano. Por qué se calla ahora. Por qué me deja solo él también.

Nombres, claves, nexos, nudos… La cabeza me va a estallar.

Alguien al otro lado del mundo espera otra historia. La de una joven japonesa que emerge como una sombra de un Tokio hermético. La historia de un amor condenado, sangrante. De una traición velada, de un destino. Una Orden de mujeres que custodia un secreto cuya hora de ver la luz ha llegado. 13 espadas, 13 lunas, 13 ciclos.

El americano nada ha dicho al respecto. Me vuelve a tocar viajar en el tiempo y espacio. Descubrir de nuevo nombres, secretos, claves, tramas, nexos, nudos… ¡¡hay que contar una historia!! Hay que contar tantas historias…

…Y Luz sigue niña, sola. Espera que le proporcione los pasos. Me implora a gritos. Y yo la oigo y se me rompe el corazón. Desde el otro extremo del espejo yo también la llamo, pero no me escucha. Nadie va a ayudarme en esta guerra.

Dos locos hieren lienzos para ofrecerme una imagen de las palabras que aún no he escrito, de los hechos a aún desconozco. Debo encontrar palabras de óxido, palabras de caos y apocalipsis, palabras que formen palabras, que levanten edificios carcomidos, que densifiquen el aire, que manchen de basura y miedo las calles del mundo, que revivan el futuro inminente.  Nueva York espera, pero no lo hará eternamente. Debo morir y nacer de nuevo. Debo encontrar los caminos en este laberinto de grietas mal cerradas.

Esta madrugada se antoja larga… y sigo sin medicación.

Silencio ni siquiera significa silencio. Al menos no en mis pesadillas.

Bienvenido, sombrerero, al país de Oz.

Malefic Time

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Pasos

- Romulo Royo

Cuando los primeros rayos de sol cortan las avenidas como cuchillos y desvelan la brisa que las recorre, se hace más difícil advertir el cementerio de objetos en el que se han convertido las calles de New York. Objetos transformados en amasijos de hierro. En uno de ellos aún se puede distinguir un Ford Mustang destrozado. Ante una paleta infinita de grises y ocres, irónicamente parpadea un antiguo cartel luminoso de neón azul. Dibuja una muela dental.

La escena está envuelta en un profundo silencio, de repente se rompe con un sonido seco de pasos al chocar con el suelo mojado. Se puede distinguir una figura exageradamente esbelta, embutida en un abrigo oscuro.

Me acurruco tras el bajo muro de un escaparate que hay delante de mi, sostiene un mugriento cristal roto, escucho como se va acercando este ser. Encogido como una nuez, con la cabeza apoyada en las rodillas y las pulsaciones a mil por hora, intentando mantener la respiración, los temblores de las manos. Me maldigo por haberme mantenido de pie tanto tiempo tras este cristal hipnotizado por esta figura extraña. Espero que no me haya visto. Estos segundos se hacen eternos. Noto su presencia. Como pasa cerca de mi y suspiro al oír cada vez más lejos esos pasos secos.

buffffff, otro día más.

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