Lobo enjaulado

Jesús Vilches (Sombrerero)

Mierda, mierda, mierda, mierda!!!

Las paredes parecen venirse abajo sobre mí. Segunda semana de encierro. 3:30 de la madrugada. Deseo morder, romper cosas… Estoy incomunicado. Sólo me falta la camisa de fuerza. ¡¡Por el mismísimo Diablo!! Mataría a alguien, lo juro. Mato por un poco de oxígeno.

Segunda semana de encierro. Teclas, palabras, fragmentos, páginas, páginas, páginas. Maldición.

«No, esto no», «no puede ser tan evidente», «más acción», «no, más suspense» «no, más acción»

¡¡Aclaraos!! Si no estuviese loco, estaría a punto de volverme. «Vamos con retraso» «Más páginas, más páginas» «Luz no diría esto» «Allen es más… de otra forma» ¡¡¿qué forma? joder!! «No le llames Gabriel», «No digas lo que son», «esta parte antes», «No, antes» «No, ahora está demasiado pronto» ¡¡A la mierda!!

Frases, fragmentos, inicios, enlaces. Doy vueltas en la habitación. No sé nada de ellos desde hace más de una semana. Más páginas a la basura, más diálogos inservibles, más escenas que hacen compañía a una montaña de cigarrillos a medio fumar. No va a poder conmigo. No va a poder conmigo.

Horas al frente de una pantalla. Las líneas se vuelven difusas. Los días pasan sin que distinga la noche del alba. Las voces no se callan. Mi cabeza va a reventar. A veces sólo ella es el bálsamo… solo ella…

¡¿Pero por qué no me hablas?! No puedo inventarte sin tu ayuda, no puedo. ¡Háblame, te lo suplico! El viejo tiene a su americano ¡¡yo solo te tengo a ti!! Cuéntame, confiésate, desnúdate otra vez, por favor…

Camino en círculos. Cada frase me cuesta la sangre, me exige el aliento. Oleadas de tiempo gastadas en un calada, ¡¡Háblame!! Te necesito. Ni imaginas cómo te necesito. Te estoy suplicando. Lanzo gritos al vacío. Sólo estas paredes que me aplastan el alma son los testigos mudos del parir de esta historia. Sangre. Cada página es sangre. Sangre que luego acaba en la basura. Una página se levanta sobre el cadáver de diez. Es el precio a pagar, el sacrificio necesario.

«¿Has sentido miedo? ¿Miedo de verdad?»

(¿es una pregunta? ¿Te diriges a mí?)

«Si tienes que pensar la respuesta es que no lo has sentido»

¡Gran inicio! Podría ser bueno… pero ¿les convencerá?

Tengo partes, fragmentos, como piezas de un cuerpo mutilado. Esta historia no es ahora más que un puñado de carne muerta, dispersa. ¡Necesito el alma! Conectar sus fluidos, hacerla andar, respirar. Ritmo, ritmo, tensión, ruptura, más tensión.

Pálpito, latido… milagro.

Abre los ojos de una puñetera vez y mátame. Sabes que te pertenezco y juegas conmigo al escondite. Pero nos necesitamos. Ambos nos necesitamos para existir, para estar completos. Abre los ojos de una vez y cuéntame tus secretos. Tengo una historia a la que darle tu voz.

Basta, suficiente…

Mañana volveré a intentarlo.

Hoy solo quiero dormir… y volver a soñar contigo, amor.

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