Jesús Vilches (Sombrerero)
Nos llenamos de momentos imprevistos, en este silencio imprevisto, repleto de noticias imprevistas y rostros imprevistos. De manera imprevista sucede, que de este rincón imprevisto surge una magia imprevista y de repente todo discurre bajo nuestros pies. Se deja acariciar el presente por futuros imprevistos y una legión de manos imprevistas acuden a esta guerra impredecible a pelear junto a los locos que en este Madrid imprevisto, pleno de lunas imprevistas y sueños por prever, gritamos al desierto desnudo, a pleno pulmón, en una lengua imprevista, cargada de augurios imprevistos.
Lo mejor no puede medirse, no puede ser cuantificado por números ni estadísticas. No tiene peso, forma real ni puede anticiparse. Lo mejor es imprevisto. No fue planeado este lugar, ni este instante, ni las personas que formarían la jauría descabellada que se suman a la estela de este galeón fantasma. Toma cuerpo imprevisto, alma imprevista, fuerza imprevista. Sopla a nuestro favor un viento imprevisto que habrá de llevarnos a rincones y playas imprevistas. La razón imprevista sucumbe al abrazo eterno de un corazón imprevisto que late a ritmo imprevisto. Lo que aquí somos, los que aquí somos, nunca fue previsto.
Porque esta noche fue imprevista y ese beso imprevisto sabe mejor que todos los besos. Porque alguien tuvo una vez un sueño imprevisto y decidió que merecía la pena cumplirse, yo os digo: Ahora es el momento de recomponer los deseos rotos, los alientos perdidos, las alas del Ángel que perdió sus alas. Este es el momento preciso de poner en pie de guerra las lágrimas que guardamos para los momentos imprevistos. Todo lo que ocurre ya nos ha ocurrido…
No esperéis orden ni jerarquía en lo que hacemos. Nuestro final será imprevisto, pero ¡lo juro! ¡lo presiento! Será un final para el recuerdo.
Toda nuestra vida no es más un gran imprevisto.









