Imprevisto

Jesús Vilches (Sombrerero)

Nos llenamos de momentos imprevistos, en este silencio imprevisto, repleto de noticias imprevistas y rostros imprevistos. De manera imprevista sucede, que de este rincón imprevisto surge una magia imprevista y de repente todo discurre bajo nuestros pies. Se deja acariciar el presente por futuros imprevistos y una legión de manos imprevistas acuden a esta guerra impredecible a pelear junto a los locos que en este Madrid imprevisto, pleno de lunas imprevistas y sueños por prever, gritamos al desierto desnudo, a pleno pulmón, en una lengua imprevista, cargada de augurios imprevistos.

Lo mejor no puede medirse, no puede ser cuantificado por números ni estadísticas. No tiene peso, forma real ni puede anticiparse. Lo mejor es imprevisto. No fue planeado este lugar, ni este instante, ni las personas que formarían la jauría descabellada que se suman a la estela de este galeón fantasma. Toma cuerpo imprevisto, alma imprevista, fuerza imprevista. Sopla a nuestro favor un viento imprevisto que habrá de llevarnos a rincones y playas imprevistas. La razón imprevista sucumbe al abrazo eterno de un corazón imprevisto que late a ritmo imprevisto.  Lo que aquí somos, los que aquí somos, nunca fue previsto.

Porque esta noche fue imprevista y ese beso imprevisto sabe mejor que todos los besos. Porque alguien tuvo una vez un sueño imprevisto y decidió que merecía la pena cumplirse, yo os digo: Ahora es el momento de recomponer los deseos rotos, los alientos perdidos, las alas del Ángel que perdió sus alas. Este es el momento preciso de poner en pie de guerra las lágrimas que guardamos para los momentos imprevistos. Todo lo que ocurre ya nos ha ocurrido…

No esperéis orden ni jerarquía en lo que hacemos. Nuestro final será imprevisto, pero ¡lo juro! ¡lo presiento! Será un final para el recuerdo.

Toda nuestra vida no es más un gran imprevisto.

El camino del desierto

Luis Royo

Baal no cambió de posición en todo el día y ella respetó como siempre su meditación, observándolo por el rabillo del ojo, era todo lo que tenía. Un gran maestro paciente y sabio, un maestro que atendió también a su madre hasta que murió. Era todo lo que quería, excepto aquella espada corta sin casi adornos que se había convertido ya en la prolongación de su brazo.

Llegada la noche el maestro después de encender las velas, preparó una cena de trocitos de carne llena de especias y una bebida amarga para pasarla. Cenaron en silencio, ella sin perderle de vista, todo aquello era especial y sabía que algo se iba a desvelar en tan extraño día.

Le dijo que había llegado el momento de caminar sola, de atravesar el desierto de la vida, que aunque casi era una niña, ella era especial y su momento de preparación bajo sus pautas había terminado.

Luz, sigue tú camino sola a partir de ahora, haz que se cumpla el destino.

El gato de Amarna

Luis Royo

Cuando me movía por Amarna, las cosas no fueron fáciles. En mis años de mendigo solía moverme por las inmediaciones de los templos y palacios de Ajenatón, allí conocí un gato negro, una hembra que maullaba por las noches y que a prudente distancia me observaba, solo una vez pasó por entre mis piernas haciendo que su rabo me rozara.

Sé que este pequeño suceso nada os importa, ni le encontráis ninguna relación con una historia que se desarrolló miles de años mas tarde en un New York decadente. Pero para mi, todos aquellos años están llenos de interrogaciones que han ido quedando después de tanto tiempo en el rincón de los sesos de las cosas pendientes. Igual ni creéis que malviví en Amarna cuando aquél lugar disfrutaba de todo su esplendor, bueno. Pero me gustaría que supiérais que en aquél tiempo es cuando contemplé de lejos, por primera vez, la empuñadura de Malefic y sus nueve cabezas de serpiente. Por entonces no era una empuñadura de espada, era una gran joya que portaba Nefertiti cubriendo su sexo, protegiéndolo con sus cientos de significados que aún hoy, en 2011, no he conseguido descifrar por completo. Lo que si os puedo decir de momento, es que ese número nueve también lo nombra Juan en su Apocalipsis, y por eso yo escribo aquí esta nota, el nueve de este primero mes del año.

En 1993 pinté esa empuñadura y tiempo después, una noche solitaria en el estudio, aquél gato de la lejana Amarna, se paseó por entre los papeles revueltos del suelo, diréis que es un sueño, pero aquella noche se transformó en una muchacha de unos deseos y sensibilidad fuera de lo común que me hizo realizar un pequeño cuento que titulé “El Príncipe Azul”.

Sobre ese número nueve, y al margen de todos sus importantes significados cabalísticos que se pueden consultar en cientos de sitios, me gustaría deciros que: es ya es la segunda vez; que pone de nuevo nuestra vida en punto cero; que es el múltiplo por excelencia del tres (también sabéis cuantos significados tiene ese tres y la importancia que le dá nuestra cultura occidental, solo nombrar trinidad lo evidencia); y que es el número siguiente al ocho. Comento todo esto porque estamos hablando del año 2038, que recoge todos esos números que os acabo de citar, y que sumados hacen el número trece, el número femenino por excelencia, el número lunar y de Luna, el número que maldijeron los Papas y que eligieron como día para acabar con Baphomet y los templarios.

El Camino Encrespado (2011 y Cuenta Atrás)

Jesús Vilches (Sombrerero)

2011. 365 dias envueltos para regalo. 12 meses a estrenar. Somos niños con zapatos nuevos (o seminuevos). Los necesitamos para recorrer este camino encrespado.

Alguien se ha tomado esto en serio. Nuestro espacio nos regala vestido nuevo. New York se transparenta desde sus cenizas y polvo. Nos recuerda el final del viaje. Luces de neón cuentan los segundos de un apocalipsis que está por llegar. Nuestra espada de Damokles caerá mucho antes. Sin embargo…

Como hemos sido buenos chicos malos regresamos cargados de regalos de navidad.

A Canas le han dejado:

Una maleta de pinceles invisibles para inventar nuevos trazos.

Una paleta de colores imposibles con garantía de por vida.

Unas gafas de ver el futuro sin olvidar el pasado.

Un kilo de tatuajes reutilizables para adornar personajes.

Un horizonte para no parar de andar.

Luz focal direccionable especial contra angulos muertos.

Una caja de latidos de corazón para acelerar el pulso.

Un león de bolsillo que sabe ladrar.

Una camisa de fuerza de Dolce y Gabanna.

Un dragón de mentira en una botella de cristal.

Una luna creciente que adorne las noches.

Una sombra a la espalda para no sentirse solo.

Una dosis extra de locura para un loco.

y un puñado de canas para compartir.

A Manchas le regalan:

Una bolsa de manchas de primera calidad para poner donde quiera.

Un disfraz de payaso para confundirse con la gente.

Una impresora gigante para imprimir pesadillas.

Masilla automodelable para dar forma a los sueños.

Una televisión sin cable para no distraernos.

Un oso amaestrado que reparte abrazos (de oso, por supuesto).

Un bote de “Porqués” tamaño familiar que no necesitan respuesta

adjunto a una caja de respuestas por si alguien pregunta.

Una cámara digital que fotografía lo que no existe.

Un dibujo que se pinta solo (para variar).

Un sobre lleno de cheques en blanco por si el futuro es gris ceniza.

y un reloj sin números para olvidarse del tiempo.

A este sombrerero 2011 le trae:

Una caja de sombreros infinitos para cualquier ocasión.

Un espejo donde Alicia se refleja (aunque le cueste salir).

Un frasco de polvo de hadas para compartir y enseñar a volar.

Una lista de madrugadas sin sueño para invertir en fantasmas.

Un sueño vestido de rosa y flores en el pelo.

Un poco de rosa en el armario que me recuerda lo bien que sé tropezar.

Un álbum de fotos que me sé de memoria (y que siempre repaso).

Un poco más de memoria para no olvidar lo que importa (porque importa).

Un diccionario con todas las palabras no escritas que he de escribir.

La promesa de recibir la sonrisa más bonita del mundo cada mañana.

Un regalo para regalar en forma de poema (y que nadie se enfade).

Un paquete de guiños en una sola dirección (que a veces regresan).

Una locura más que sumar a la lista.

Un pecado listo para usar.

Una bolsa llena de nada para convertirla en todo.

Un poco de cobardía que me vuelva valiente.

y  un acceso directo a Nunca Jamás.

Y entre todos nos repartimos:

Un año de trabajo que empieza hoy mismo.

¡Hemos vuelto!

No sé si es una buena noticia aún.

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