
Jesús Vilches
¡Malditas Fiestas! Tiene delito que lo diga alguien que nació un 24 de Diciembre… pero malditas fiestas. Está costando anclarse y vuelvo a verme obligado a marchar. Se supone que es lo que hacen en estas fechas las personas decentes, con una vida normal y esas cosas que… en fin, yo desconozco (Canas y Manchas, también). Hago maletas mientras miro atrás; un gesto que me obligué a no repetir nunca. Luz se queda. Otra vez distancia. Lo llevo mal… pero ella ni siquiera se enterará, me temo.
He encontrado una vieja lámina del Canas. Me asegura, si no le falla la memoria (no ando muy seguro de ello) que es inédita. Antigua. He quedado hechizado al contemplarla. La tengo grabada en la retina y es el motivo por el que tengo partido el corazón en este instante. Luz es apenas una niña en ella… ¿Qué edad podría tener ahí? ¿Quince, dieciseis? Yo sé qué momento es por el que pasa: La frialdad del abandono. Ella también tiene el corazón roto en ese instante y su dolor y soledad me traspasan, se me clavan hondo. Sé exáctamente qué momento de su vida es… una vida que aún no ha comenzado y que yo conozco demasiado bien. Una vida que yo tengo la enorme tarea de trazar y construir. Ella está enamorada y ni siquiera lo sabe… sólo sabe que alguien que necesita se halla lejos. La expresión de dolor es infinita y su frío me deshace. Yo de algún modo escribiré las páginas en la que es abandonada. Yo trazaré las líneas con las frases de su angustia, yo colocaré palabras en sus dudas. Yo sabré los porqué y no se los diré. Dejaré que sufra y lloraré en secreto con ella.
Ella está enamorada y no lo sabe. Ni siquiera puede permitirse saberlo. Ojalá se lo pudiese decir. Ojalá pudiese asomarme por una ventana, arroparla por las noches, vigilar sus sueños inquietos… Ojalá pudiese pedirle perdón también. Su fragilidad me parte el alma. Admiro su fuerza. Envidio a quien ella añora. Ojalá fuese yo el objeto de sus llantos. Ojalá fuese por mí por quien suspira… yo solo soy de nuevo el fantasma. No tengo lugar en ella. No me conoce. No hay suspiros que se sepan mi nombre… y sin embargo, todos los mios conocen el suyo.
Será un viaje corto. Regresaré antes de haberme marchado y volveré para seguir mirando su soledad. Seguiré dándole motivos para odiarme si supiera que yo voy a montar piedra a piedra cada uno de sus silencios. Regresaré para seguir siendo nadie. Volveré pronto para no volver. Pero en estos días en los que sé que no es posible que ella piense en mi, yo la echaré de menos por los dos…
El sombrerero loco se pierde entre las grietas de su propio espejo. ¡Qué duro es a veces no existir!
Adios, pequeña Luz. Echarte de menos será mi regalo de cumpleaños… curioso regalo.











