- Romulo Royo
Hoy, bajo una luna brillante, el sombreros el canas y otro loco, David, nos hemos ido a ver una exposición a la galería Soledad Lorenzo, hemos salido de ella fríos como un hielo. Veo que sigue habiendo arte que se separa del público, algunos de los artistas se ahogan en su ego, no comunican, ni si quiera es su pretensión, va dirigido a un publico decadente y que él mismo se piensa elitista. Este autor elige solo un arte complejo que ni siquiera es complejo, no me vale. es vacío, no tiene alma, solo sirve para él. Una instalación pésima, carente de significado.
Os diré una cosa amigos, hoy los tres hemos tomado unas copas en Malasaña y me he sentido arropado, con mi pequeña familia, a pesar de nuestras disputas estos días atrás, hoy hemos comulgado con ideas, me he sentido comprendido en parte y creo que ellos también, hemos tenido tertulia mojandonos los labios entre cervezas y palabras. ¡Sí! a vosotros, aunque invisibles ante mis ojos pero palpables en mi alma, os digo que hemos hablado de libertades, de sueños. Estos tres locos hemos hablado también de miedos y ilusiones, he visto cansancio en el canas, aunque en sus ojos fuego y energía, he visto inseguridad en el sombreros, pero al mismo tiempo fuerza he ilusión. Y yo me he sentido pesimista, pero también pleno y con más fuerza que nunca.
(Les he contado un sueño que tuve hace años: Era, como la luna, detras de unas nubes rojas y una atmósfera gris que la rodeaban e iban dejando paso a su avance imparable, terminaba chocando con la tierra. Esto quizá era una señal, quizá era la fuerza de Malefic.)
Mientras estábamos los cuatro en un bar tomando cervezas, veía, no, creía ver a Baal, ¡sí! habéis oído bien, ¡Baal!, le veía tras los cristales, en la calle, una silueta imponente y enorme en la oscuridad de la noche. Sus venas, por las que fluía sangre oscura, bajo su piel curtida, delataban los milenios que llevan portando vida, mientras otros lugares de roca se convirtieron en polvo. Pero él seguía ahí, inmutable, imparable aun con miles de derrotas a sus espaldas. Incluso en estos momentos esta ahí, con nosotros. Lo puedo ver mientras estos tres mueven los labios y hablan de nuestro estigma, de nuestra condena por el arte, pero también de nuestra libertad.
Marchamos a casa, conscientes de que en un momento u otro van a asomar los rayos del sol. Una vez en el estudio parece que Tina me invoca para que no siga escribiendo a estas horas de la noche, Tina es mi gata fiel, quien me espera cuando llego y quien me llama cuando no duermo. Tengo ya que cerrar los ojos.
Me despido de vosotros bajo esta noche y esta luna.
