La armonía del caos

- Luis Royo

New York, ¿dónde están tus tubos de neón?… Olvidando tiempos de Rusia, aquel Moscú de la velocidad loca… Arrastro los mundos interestelares que llegaron de E.E. U.U., sus llanuras de pieles rojas, la espada… Que siga quedando un rincón para la lujuria, mejor un buen pedazo… Akelarre en la noche, con calor en las entrañas y el firmamento de techo ¿lo seguimos escondiendo o ya no?.

Todo lo demás ahí se mantiene al asomarme… Cielo gris. Los oídos taponados por palabras que cuelgan de la amargura. Papeles y lienzos por el suelo. Canas que se despiden.

Monaguillo acompáñame al caos, abandona los terciopelos, los dorados y las sedas y verás la otra cara…

Está en los libros… anunciado desde hace tiempo.

Suena como música en mi cabeza, a vosotros no, pero creo que pronto os sonará.

Está en los libros.

Sabemos lo que nos espera.

Está en los libros,

lo anuncia el I Chin,

lo sabían los aztecas,

la Esfinge lo esconde,

lo dijo Malaquías,

Juan lo escribió.

Está en los libros.

Está en los libros.

Está en los libros.

Sabemos lo que nos espera.

Estamos preparados.

La calle

- Luis Royo

Dentro de unos días me quieren sacar a la calle. Un sitio en Madrid donde se reúnen gentes raras que les gustan los cómics, las pinturas, los dibujos y esas cosas. Tengo miedo, hace tiempo que no me encuentro en lugares abarrotados ¿o hace poco? no se. Me dicen que la salida es respecto a un libro… ¿que libro?. Hace tiempo que me hablan de libros, buff, hasta de que hago libros, un día tengo que repasar un poco mi pasado ordenadamente, pero no es momento, aquí en New York de rascacielos caídos no queda tiempo para nada.

Espero que el Manchas y el Sombreros me acompañen un poco en la salida, si no, les romperé unas cuantas pinturas, tiraré todos los escritos que encuentre en el ordenador a la papelera y quemaré un montón de folios de este rollo.

Además me están hartando con eso de que lleve mis lápices encima, ¡ya está bien!, ¡si me paso la vida con ellos!, también un día voy a tirarlos todos por la ventana. No se si los cogeré o mejor coja mi vieja Astra por si aparecen los pesados de las batas blancas, que ya me tienen hasta los cojones con sus preguntas. Ah, y que se enteren, no pienso tomar nada de lo que dicen hasta que no cambien la receta a absenta, cerveza y cigarros.

Libertades

- Romulo Royo

Hoy, bajo una luna brillante, el sombreros el canas y otro loco, David, nos hemos ido a ver una exposición a la galería Soledad Lorenzo, hemos salido de ella fríos como un hielo. Veo que sigue habiendo arte que se separa del público, algunos de los artistas se ahogan en su ego, no comunican, ni si quiera es su pretensión, va dirigido a un publico decadente y que él mismo se piensa elitista. Este autor elige solo un arte complejo que ni siquiera es complejo, no me vale. es vacío, no tiene alma, solo sirve para él. Una instalación pésima, carente de significado.

Os diré una cosa amigos, hoy los tres hemos tomado unas copas en Malasaña y me he sentido arropado, con mi pequeña familia, a pesar de nuestras disputas estos días atrás, hoy hemos comulgado con ideas, me he sentido comprendido en parte y creo que ellos también, hemos tenido tertulia mojandonos los labios entre cervezas y palabras. ¡Sí! a vosotros, aunque invisibles ante mis ojos pero palpables en mi alma, os digo que hemos hablado de libertades, de sueños. Estos tres locos hemos hablado también de miedos y ilusiones, he visto cansancio en el canas, aunque en sus ojos fuego y energía, he visto inseguridad en el sombreros, pero al mismo tiempo fuerza he ilusión. Y yo me he sentido pesimista, pero también pleno y con más fuerza que nunca.

(Les he contado un sueño que tuve hace años: Era, como la luna, detras de unas nubes rojas y una atmósfera gris que la rodeaban e iban dejando paso a su avance imparable, terminaba chocando con la tierra. Esto quizá era una señal, quizá era la fuerza de Malefic.)

Mientras estábamos los cuatro en un bar tomando cervezas, veía, no, creía ver a Baal, ¡sí! habéis oído bien, ¡Baal!, le veía tras los cristales, en la calle, una silueta imponente y enorme en la oscuridad de la noche. Sus venas, por las que fluía sangre oscura, bajo su piel curtida, delataban los milenios que llevan portando vida, mientras otros lugares de roca se convirtieron en polvo. Pero él seguía ahí, inmutable, imparable aun con miles de derrotas a sus espaldas. Incluso en estos momentos esta ahí, con nosotros. Lo puedo ver mientras estos tres mueven los labios y hablan de nuestro estigma, de nuestra condena por el arte, pero también de nuestra libertad.

Marchamos a casa, conscientes de que en un momento u otro van a asomar los rayos del sol. Una vez en el estudio parece que Tina me invoca para que no siga escribiendo a estas horas de la noche, Tina es mi gata fiel, quien me espera cuando llego y quien me llama cuando no duermo. Tengo ya que cerrar los ojos.

Me despido de vosotros bajo esta noche y esta luna.

El Dedo en la Llaga

- Jesús Vilches

Jajajajajajajaaa

Es curioso lo que puede dar de sí un broma. ¡¡Una broma!! Aburrido en el estudio dije… ¡Voy a divertirme un rato ahora que estos dos se han ido! Escribí sin pensar y colgé un par de fotos que había a mano. Pensé que me matarían. Sin embargo, este extraño espacio se ha convertido en confesionario de tres locos. No contentos con eso, admito no sin cierta emoción, parece ser que hay quien lo sigue. La locura se extiende, se comenta y empiezan a llegar ecos difusos de toda esta mierda rodando por ahí. Nos ponen nombres (o se atreven, o lo intentan…) Algunos apuntan lejos en sus observaciones (usando intuiciones masculinas) otros piensan que es un producto escrupulosamente pensado de una estudiadísima campaña de marketing (JUUUAASSS!! Canas a mi lado no tiene ni puta idea de lo que estoy haciendo ahora. ¡¡Esto se nos descontroló hace meses!!) En las redes sociales pinchais en el cómodo recurso del “me gusta” ¡¡¿Pero cómo puede gustaros esto?!! Que el mundo se va al carajo, por el retrete!! Que se nos desmonta el chiringuito (Nota al pie: el traductor me mata) ¡¿Es que nadie lo pilla aún?! Bueno, alguien hay: Judith lo hace. Ella parece atisbar lo que en realidad ocurre. Tiene la amplitud de miras para ver más allá de esta locura y sus neblinosos horizontes. Hemos sumado la primera loca fuera de estas cuatro paredes.

Vivimos las postrimerías de este absurdo que comenzamos a construir hace milenios. Salid a la calle, desnudaos, emborrachaos, haced el amor a vuestras parejas como si fuera el último día, abrazad con fuerza a los amigos, pegad un puñetazo al jefe, dejad de pedirle sal a la vecina que os gusta y decidle que lleváis meses detrás de ella. Sácale conversación al chico guapo del metro que se ha sentado a tu lado.  Rie con fuerza, dale una patada en las costillas a tus dudas, haz eso que decías “jamás haré”, abríos el pecho en canal y sacad el corazón sin miedo, di eso que siempre has querido decir a la persona que siempre quisiste que lo supiera. ¡¡Vivid el presente porque el futuro ya no es lo que era!! (qué gran frase) porque antes de que os déis cuenta contemplaréis las azoteas y echaréis de menos la mirada asesina de las palomas. En su lugar habrá criaturas aladas librando una batalla ancestral para darle sentido a nuestra vida.

Por eso, de todo lo que se dice por ahí lo que más me jode es que alguien piense que todo es mentira. ¡¡Mentira!! Que no hay tres locos encerrados en un estudio buscando dar cuerpo a las pesadillas. ¡¡Mentira!! Que yo no existo, ni el canas ni el manchas. Que todo es un burdo reclamo publicitario, que somos piratas que hemos usurpado identidades y nos mofamos de lo lindo vomitando tonterías en la web y que por extraños intereses comerciales alguien ha decidido no pararnos los pies todavía. ¡JÁ!

Queréis pruebas, necesitáis pruebas… Meter los dedos en la llaga…

Bien. Pruebas. Aquí están.

No, nadie ha desmontado un futbolín, nadie olvidó recoger la caja de los playmobil, nadie ha dejado escapar a los pokemons…

Somos tres pequeños locos que miran a través de una ventana en el tiempo un New York de cenizas. Creedlo o no lo creais. Ese ya no es mi problema.

Obsesiones

- Jesús Vilches

“Luz… ella sí me obsesiona. Lo hacía incluso antes de que conociese su historia. Confieso que ignoro más de lo que conozco y dudo de la mayor parte de lo que se dice de ella o de todas las malditas cosas que giran a su alrededor.”

Una vez puse esas líneas en boca de otro. Como en muchas ocasiones anteriores, ahora pienso que escribía sobre mí mismo.

“No sólo es que aquella joven fuera enigmáticamente bella. Había algo en su soledad, en su angustia, en todo lo que parecía obsesionarle y torturarle.” “(…) La miraba únicamente por curiosidad, para no sentirme solo. Pronto comprobé que Luz era distinta a todo lo que hubiese podido imaginar de ella.”

Canas la acaricia con sus pinceles y eso despierta la envidia del americano. Yo necesito fundirme en sus angustias, hablar con ella, observarla en silencio en sus miedos y dudas. Solo tiene diecisiet… diecinueve, diecinueve años y todo el peso del mundo a sus espaldas. Es fuerte… pero no tan fuerte. Es frágil… pero no tan frágil. Duda, aunque quiera parecer indemne. Incógnitas, definición. Necesita saber quién es en realidad. busca su identidad y yo me hallo en medio de su vorágine, tratando de dibujarla en trazos de palabras, a veces sin sentido, a veces con demasiado sentido.

“Todo en ella me parecía fascinante, terrible y de un atractivo tan irreprimible como el vértigo ante el abismo”.

Luz es la criatura más delicada y firme que haya conocido. Sus ojos presiden mis noches y a veces robo su nombre para poder dormir. Clavado en una presencia que me absorbe, que me limita y libera. Sé que ella me necesita y yo la necesito. Nace a través de mi de algún modo, aunque aún no haya nacido. La imagino con la misma intensidad con la que él esculpe su piel. Su presencia aquí y ahora es un deseo del destino. Canas me dijo que quizá siempre me estuvo esperando… a mi. Pensar que Luz me ha esperado todo este tiempo me acelera el corazón. Pensar que sin saberlo hemos estado destinados, dirigidos a un encuentro por una mano más poderosa y que desea algo concreto de nuestra unión. Sin lo que yo le aporto ella está incompleta. Pero yo, como el americano, también envidio a canas… porque él puede tocarla. Yo sólo soy el espectro invisible que la observa, que se duele con sus llantos de sangre, que sufre ante lo incierto de sus destino, que la habita y la sueña para poder completarla. Pero siempre lejos, siempre ausente. No está permitido tocar …ni enamorarse

¿Estoy hablando de Luz? Todo es fruto de mis obsesiones y mis obsesiones se confunden, a veces. Si, creo que hablo de Luz, creo…

El Americano

- Luis Royo

Creo que el americano tiene celos. El ha podido preparar un te a Luz, pero no creo que haya acariciado su piel como yo. Yo he podido deslizarme por sus ingles suavemente con los delicados pelos de un pincel, he podido entretenerme en la comisura de sus labios, he podido disfrutar de la forma de su oreja…
Lo he visto en sus ojos… el americano ha podido ver como las venas de Luz se multiplican al empuñar su espada, pero no a podido pasar horas deslizando estos pelos por cada uno de sus dedos.

Cuenta como se extasiaba viéndola horas mientras buceaba sobre montones de libros, pero no ha podido pasear por cada pliegue de sus bragas.

Sobre realismos

- Luis Royo

¿Hiperrealismo? ¿Qué gilipollez es esa? No tengo complejo de Polaroid.
Lo que ve mi retina que quede en su lugar, nada me inquieta de ello. Lo cotidiano por mí puede quedar en su plano cotidiano. Prefiero los mundos que llegan en las noches.
Que grandes los que vieron con sus pinceles a Roma y su civilización tiempos y tiempos después, que grandes los que vieron a Cleopatra sin haberla conocido, los que han visto a los dioses griegos, que grandes los que dejaron en el lienzo el alma de un mendigo, los que en una mirada reflejaron mil emociones, los que pintaron un rey, pero no era un rey sino sus miserias, los que vieron a santos y vírgenes que no eran santos ni vírgenes, los que en una forma geométrica o una mancha, almacenaron una emoción, un pensamiento o un concepto.
Dejemos el hiperrealismo para quien busca en un lienzo lo que ya nos regala la retina.

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